martes, 15 de mayo de 2012

YO SOY EL DOCTOR AMOR

Los años 80’ nos sorprendieron con el estreno del “Pájaro canta hasta morir”, aunque, el único que murió al inicio de esa década fue el pobre de Lennon. El mundo se parecía mas al “Planeta de los Simios” que a la “Familia Ingals” y si no te tomabas las cosas con “Hiperhumor” , era probable que la vida te dijera: “Buenas tardes, mucho gusto” y, recorriendo el “Camino al cielo”  pasaras a formar parte del elenco estable de la “Botica del Ángel”.
Faltaban algunos años para que los argentinos hiciéramos la “División Miami” e intentáramos comprarnos hasta el “Auto Fantástico” en el “Muelle 56” de dicha ciudad.
Los del montón, los que respetábamos los “Lazos Familiares” y sabíamos que nuestro padre era “Amo y Señor” del hogar, aspirábamos a modestas visitas al “Ital Park” o, simplemente, nos quedamos en nuestro barrio jugando a ser “El zorro” con “Los súper amigos” que la vida nos había dado. Mientras que en Italia salía a la venta “El nombre de la Rosa”,  y en Ginebra moría Borges, aquí, lejos, muy lejos del mundo civilizado, “Carozo y Narizota” nos contaban “La historia Oficial” haciéndonos creer que “Tiburón, Delfín y Mojarrita” eran equiparables al “Súper Agente 86” o al mismo “Mac Giver”. Y así… sabiendo que la “Ola esta de fiesta” escuchábamos de lejos como “La casa está en orden” mientras nos acompañaban dicho anhelo con un cálido y afectuoso deseo de “Felices Pascuas”.
Los Televisores Grundig  cuyo slogan rezaba una verdad irrefutable: "Caro... pero el mejor", nos traían alegrías y tristezas a los niños de aquel entonces, mientras, los más ricos, se mandaban un “Toblerone” viendo “Alf”, y nosotros, los más humildes, nos tomábamos un vaso de “Crush” viendo bajo la amenaza de nuestras madres “Utilísima”.
Pero había un momento, un momento mágico que separaba el “Manual Kapeluz del Alumno Bonaerense” forrado de un infaltable “Papel Araña” verde o azul, de la esperada emisión de “Matrimonios y algo más” o de los mismos spaghettis de “Tato”. Cuando todo era sombras en la vida de los niños y el color sepia de Marilyn precedía la “Función Privada” de nuestras vidas, una voz… un comentario… solo una frase arrojada al viento encendía nuestras existencias haciéndonos saber que había comenzado el “Juego de la Vida”: “Maestro, ¡soy muy fea!!” a lo que todos nosotros cual coro griego, junto con Olmedo, respondíamos: “¡PERO QUE VAS A SER FEA VOS!!”.
Ese tujes en primer plano de la Bebota alimentó nuestras más tiernas como candentes fantasías. Ni que decir del batido a punto letra del pelo de la Bety Salomón, que invariablemente, pasaba al cuarto del fondo a esperar a que el maestro la descargara, constituyéndose así en “Mujer, Niña y Amante” del visionario, del hombre que marcó un antes y un después, del rey de la improvisación que nos hizo saber que nada era imposible y que lo único que hace falta para ser rico es sacarle la plata a los boludos.
Esta semana, lejos ya de los glamorosos años 80’, nos sorprendió con cientos de miles de informes sobre un hombre que se hace llamar “Maestro Amor”.
Hace días que nos venimos enterando que miles de boludos venden sus propiedades y reparten sus dineros entre los diversos bolsillos de la túnica sagrada del iluminado. También supimos, que este Dios hecho hombre entre nosotros, escupe huevos de piedra que sospechosamente se parecen a esas que se compran en el Once para armar centros de mesas para cumpleaños de 15, casamientos, Bar Mitzbá y otras festividades, desentierra imágenes de santos, vírgenes o simplemente de bustos de Domingo F. Sarmiento o Mónica y Cesar de la tierra, contesta con oscuras frases sobre el sentido de la vida que harían palidecer hasta al mismísimo Warren Sanchez, personaje popularizado por los curiosamente más populares Les Luthiers, y, cobra 6000 dólares para hacer un seminario en donde, básicamente, la actividad consiste en limpiar baños y tender camas… ¡Si!… te cobra u$s 6000 para que hagas de mucama, con la salvedad de que lo llama “Seminarios de Liderazgo”.
Indiscutidos como efectivos sos sus métodos de curación: te saca las muletas, y si te caes redondamente al piso porque por esas putas cuestiones que tiene la vida sos paralítico, te responde, ante la comprobación innegable de que la gravedad si existe y que hace estragos, con un: ES QUE NO ME TIENEN FE. Te impone las manos para que estés completamente seguro que en pocos meses morirás de cáncer (es por si el médico había dejado alguna sombra de duda sobre ello) y, para alcanzar la iluminación la propuesta es que le chupes la pija, de los cual concluimos que el cielo está lleno de gente.
Pero, ser un Dios encarnado tiene sus desventajas: la gente a veces es envidiosa y solo para joder, te meten alguna denuncia por abuso sexual, hostigamiento psicológico, reducción a la servidumbre, etc.
Argentina sigue siendo, como ya lo decía Jorgito Rial hace muchos años, un país generoso y, por violarte a un pibe o cagarle la vida a miles de personas, la pena es la libertad.
¿Ustedes creían que esto era todo? No, no, no… están equivocados. Aún falta mencionar a “La escuela de Yoga de Belgrano”, La virgen que llora sangre en Quilmes, al “Obispo Manuel Acuña” exorcista, pseudo luterano ferviente devoto de la virgen y panelista de Fantino y Viviana Canosa, a Bernardo Stamatetas y esposa que, para ser evangelistas, bastante hijos de puta son vendiéndote libros en donde le dicen a los ciegos que la causa de su ceguera es la mala voluntad,  y, el inefable como infaltable “Claudio” que sigue vendiendo libros, teniendo programas de radio y asistiendo a cuanto programa de TV en vivo puede, siempre escudriñándose bajo el Leitmotiv “Yo vengo solo a este programa porque te quiero…” seguido del nombre del conductor de turno que pueden ir de los ya mencionados Jorgito Rial o Viviana Canosa hasta un Beto Casela o, simplemente, una Flor de V.
No hay de Dios: ¡Olmedo tenía razón!. Como nos enseñó en la mítica película “El mano santa está cargado” lo único que hace falta son 2 o 3 milagros de poca monta, un sencillo decorado, un discurso penetrante pero sin contenido y muchos.. muchísimos boludos dispuestos a dejarlo todo para tomar conciencia de queriendo que el karma es el karma, no queda mas que resignarse y aceptar que la VIDA ES UNA MIERDA.

domingo, 1 de abril de 2012

SEGÚN PASAN LOS AÑOS

 
Hace pocos días, un muy querido amigo mío, entró en la temida como contradictoria  edad conocida como “Los treinta”.
Quien escribe no pasó por la experiencia de cumplir 50, que marca inexorablemente el ingreso al último tramo de la existencia y que, en la cual, en cambio de planificar las vacaciones uno empieza a pensar en el velorio, ni en los 40, edad en la que uno gasta tiempo pensando que parte del cuerpo podría dinamitarse para hacerse de nuevo si es que tuviera plata suficiente como para pagarle a un cirujano plástico. Curiosamente, a los 30, han quedado también atrás, las ilusiones de los 20, y uno sabe que está parado en la medianía de la vida, perdido como turco en la neblina.
Habiendo cumplido los treinta hace ya un par de años, puedo afirmar sin temor a equivocarme que los 30 son como la montaña rusa: disfrutaste la subida y sabes que ahora llega la bajada.
Los 30 son un “darse cuenta” que ya no sos tan joven como para ir a bailar, ni tan viejo como para ir a puerto libre, ni tan valiente como para empezar de nuevo, ni tan boludo como para dejar el trabajo, ni tan inteligente como tu jefe que gana el doble que vos y se rasca a 4 manos, ni tan de 20 como para no parecer de 30.
            Es la edad en la que te empezas a dar cuenta que estas viejo, en la que se te empieza a caer el pelo, en la que toda la gente que conocías cuando tenías 20 y pico está ya casada y con hijos; es la edad en la que se empieza morir la gente que tenía 40 cuando vos eras chico; es la edad en la que cambias el turismo aventura por un hotel con aire acondicionado y estufa.
Los 30, dicen, es la década más creativa del hombre, pero, estamos tan ocupados trabajando, que se nos pasa tan rápidamente que cuando nos queremos acordar, estamos haciendo la cola para inscribirnos en el PAMI.  
Los 30 son la edad en la que todos te parecen más chicos que vos o mucho más grandes que vos. Es la edad en la que los viejos, de pronto, te parecen más cercanos y los pendejos, inexorablemente lejanos.
Es la edad en la que te empieza a molestar la música alta, que el basurero compacte la basura en la esquina de tu casa, en la que ningún programa de tele te entretiene, en la que querés largar todo a la mierda pero, estas tan metido en el quilombo, que te quedás en el molde, no vaya ser cosa que tengas que cambiar algo de lo que se venía dando.
Es la terrible edad en la cual empezas a darte cuenta que aquello que odiabas de tus padres ahora lo tenes vos: de pronto te encontrás diciendo cosas que dicen ellos, que hacen ellos, y, lo que es peor, que piensan ellos.  
Los 30 es la edad en la que, en algún momento, si sos hombre, vas a tener que decir la mentirosa como patética frase: “Te juro que es la primera vez que me pasa”, mientras buscas en las páginas amarillas un encantador de serpientes que logre ponerte  dura la p...   
Cuando llegás a los 30 tomás conciencia que sos parte de esa generación que no conoció la psicología ni las teorías pedagógicas modernas en donde al alumno hay que comprenderlo. Nosotros fuimos educados en el más estricto conductismo y nuestra mas tierna compañera de la infancia fue la culpa, que tanto hizo por nosotros y la civilización occidental y cristiana.
            Cuando tus viejos te llevaban a la casa de algún amigo de ellos, te cagaban a pedos antes para que no tocaras nada, y, si por esas desgracias, se te ocurría portarte mal, a la vuelta, te cagaban a palos, porque tenían como dogma de fe aquella máxima que reza: la letra por la sangre entra.
            Si la maestra los mandaba a llamar lo primero que te decían en casa, con tomo más que intimidatorio, era: ¿Qué mierda hiciste? Y, cuando comprobaban que no habías hecho nada, igualmente te amenazaban diciendo: “mejor que no te mandes ninguna cagada en el colegio, ¿escuchaste?”
            Hace casi 30 años, era la época en la que los maestros tenían razón, los vecinos tenían razón, los amigos de tus viejos tenían razón, tus abuelos tenían razón, el carnicero de la vuelta tenía razón, y la única razón que tenías vos para seguir viviendo, era que algún día ibas a crecer e ibas a poder hacerle miserable la vida a otras personas. De mas está decir que nunca jamás te daban razones de nada y todo se hacía porque lo decía alguien cuya fuente de autoridad residía en golpear la mesa y decir: “¡esta casa es mía y yo hago lo que quiero!”.
            Esta generación nació con la televisión color. Muchos de nosotros vimos nuestro primer culo en la primavera alfonsinista, mientras el país se preparaba para Carlos Saúl I. Nos calentábamos viendo a la bebota decir: “¡Maestro! Soy muy fea!”.  Noemí Alan amenazaba con sacarse la tanguita, mientras a nosotros, nos amenazaban con rompernos la cabeza si no nos tapábamos los ojos mientras nuestro viejo seguía viendo ese escultural cuerpo hoy ya devaluado.  
            Descubrimos que “alcoyana-alcoyana” era más que un juego de cubrecamas y Mesa de Noticias nos enseñó lo que era el humor de verdad, muy distinto al que vendría luego, que sería grosero, poco inteligente y sobre todo, poco gracioso.
            Nacimos sin Internet ni celulares: para comunicarnos, tocábamos el timbre de la casa de nuestros amigos y los invitábamos a ir a la plaza en donde, por un rato, estábamos lejos de la mirada de nuestros padres.
            Cuando empezamos la adolescencia llego Miami a la Argentina y creímos que nos podíamos comprar el mundo. El mundo nos compró a nosotros y nos vinimos a enterar que todos teníamos la vida hipotecada para siempre.
            Los 30, son una edad extraña: la conciencia de lo que fue, de lo que es, y de lo que puede llegar a ser nos angustia. Sin embargo, a esta edad, solo algo es seguro: ya has sumado pruebas suficientes de que la vida es una mierda.

martes, 13 de marzo de 2012

Por un puñado de dólares

 
Para aquellos que hemos decidido vivir al margen de la sociedad de consumo, cada vez nos es más difícil hacerle entender, al resto del mundo, que las ofertas nos importan tres carajos. Cuando uno ha optado por ser un miserable y exprimir al máximo los recursos que nos ofrecen la basura propia y ajena, el “Fiestón de Liquidación” de Falabella poco nos dice a nuestras vidas.
“Liquidación”, “Rebaja”, “Mitad de precio” o los temidos como extranjerizantes: “50% off” o el nunca bien ponderado “Sale”, suelen pasar inadvertidos ante nuestros ojos que solo buscan preciosos desperdicios frenéticamente en conteiners o en pilas de desechos esperando encontrar allí algo que, si bien no nos servirá para nada, por lo menos nos adornará la casa.
Convencido que la primera peor desgracia del mundo es el banco (si ustedes creían que era Menem debo confesarles que… tan lejos no estaban..), y que junto con ello, sobreviene la segunda peor desgracia del mundo que es la tarjeta de crédito, logré vivir, 31 años de mi vida, sin la generosa presencia de la misma en mi billetera.
El crédito no ha sido mi fuerte y ante el violento comentario perpetrado por amigos, vecinos, compañeros de trabajo, cerrajeros circunstanciales que visitan mi puerta y cuidadores de cementerio, de: ¿por qué no te lo comprás? (hablando de productos que van desde un cepillo de dientes hasta un tractor para arar mi balcón),  la respuesta ha sido siempre la misma: “Porque no tengo plata”. Por supuesto que el mundo capitalista se empeña en disfrazar la cruda verdad con un: “Pagalo con la tarjeta”, a lo que le sigue, indefectiblemente un: “No tengo”.
La perplejidad en la que suelen sumirse los antes mencionados ante tal revelación, solo es comparable a la cara que pondríamos si nos enteráramos que nuestros funcionarios son no solo inteligentes (que ya sería demasiado) sino además de eso honestos.
Permanecer invicto ante la tentación es difícil. Ya lo sabia esto el angélico Antonio que, habiéndose ido al desierto para escapar de la sensualidad del mundo, veía materializarse delante de sus ojos hermosas mujeres que no eran mas que el diablo, o, lo que es peor, simplemente mujeres que, siempre e indefectiblemente, son el diablo. La época de San Antonio abad no conoció las delicias del Shopping por lo que, con esas hermosas mujeres, la única desgracia ante la cual podía sucumbir era darles murra y fabricarles un crío. Santo Tomás de Aquino era amante de la comida y nada lo llevaba mas a la perdición que un hermoso, crujiente, especiado y adobado lechoncito que, solía comérselo con prisa y sin pausa, siguiendo los preceptos del santo Padre (no el Papa sino mi viejo), precepto que enseña: “hay que comer rápido para comer el doble que el resto”.
Como los grandes santos resistí… resistí todo y cuanto pude, pero como en el amor, “la tentación fue mas fuerte”.  
El año pasado, instigado por la señorita que me vendió  mi pasaje a Italia, me vi obligado a sacar mi primer y única tarjeta de crédito que, según ella, me permitiría el ingreso al país que había ya visitado dos oportunidades anteriores y con el cual guardo, no solo una relación de cercanía de sangre, sino de pertenencia por reconocimiento de ciudadanía. Como era de esperar, al llegar al aeropuerto de Roma, lo que menos me preguntaron era si era o no poseedor de una tarjeta de crédito. Solo estaban interesados en saber si había participado, en mis dos visitas anteriores, de algunas de las fiestas del “Cavalliere Berlusconi” y, si pensaba asestarle un tiro en la cabeza al Papa. Al escuchar mi rotundo “no” a la segunda pregunta y un enérgico “si” a la primera, me sellaron el pasaporte y me dispuse a gozar de mi estadía en la península itálica si es que el calor y la tarjeta de crédito que me acababa de meter bien adentro del orto me lo permitían.
Vuelto de aquel viaje, al disponerme a darle de baja al ansiado plástico crediticio, mi madre me convenció de que no lo hiciera para poder con el pagarle las entradas de dos ancianos artistas españoles que no solo cantaran juntos en abril de este año en toda la argentina, sino que juntos, se llevarán para España, aviones cargados de dólares.
Monté en cólera cuando me percaté que, por sacar las entradas con tarjeta de crédito, las mismas me costarían un 25% más, lo que hizo que, apenas terminé de pagar la ultima cuota (que por cierto fueron solo 3) me dispusiera a darle de baja a la ya odiada carta de crédito.
Me dirigí al banco, henchido de orgullo y con un odio contenido solo comparable al que experimentan los habitantes de argentina al recibir la factura de servicios sin subsidio (que conste que soy uno de ellos) y, con la tranquilidad propia de un monje tibetano me senté delante del boludo de turno que iba a tramitarme la baja y le dije modulando y separando en sílabas las palabras “QUIERO DARLE DE BAJA A LA TARJETA”. El empleado-gerente-hijo de puta que me atendía, sufrió un colapso nervioso, entró en coma 4, tuvo tres convulsiones y, reacomodado en su silla, clavándome la mirada (confieso que por un momento temí que me comiera la boca) me dijo: “Pero… ¿por qué???!!” En un acto de valentía le respondí: “porque si”.
Nuevamente el banquero, devenido en paciente cardíaco, sufrió otra convulsión, se revolcó por el piso, reptó cual poseso y yo, en ejercicio plenipotenciario de mis dotes de exorcista, le dije: “por mas que escupas fuego por el culo, yo a la tarjeta del doy de baja”.
Se sentó, se acomodó la corbata, empezó a hacer de cuenta que escribía en la computadora y me dijo: “Pero… ¿estás seguro?. “Si”, le respondí secamente, orgulloso de si monosilábica contestación. Luego de eso siguió un extenso monólogo del banquero loco que intentó convencerme de los desmedidos beneficios a los que me exponía al poseer una tarjeta. Cuando concluyó con su exposición, que fue tan larga como le discurso de Cristina y tan poco trascendente como el mismo, lo miré y, con un gesto amenazante, le dije calmado pero enérgico: “Todo muy lindo, pero, dale de baja”. “Pensalo”, me dijo él rápidamente, respuesta que uno esperaría de una novia a la que le está comunicando que la va a dejar por oler a roquefort y por tener las tetas caídas. Yo, en pleno uso de mis facultades relajatorias mentales le dije: “Ya lo pensé. Dale de baja”. Luego siguió otro eterno discurso que me esforcé en no escuchar. Cuando hubo concluido secamente le dije: “¡Primero fue el SUBE ahora, llega la BAJA!”.
Habiéndose dado cuenta el dañado banquero que mi decisión era inamovible, decidió hacerme firmar “aquí”, “aquí” y “aquí” para terminar de una vez con todas con ese vinculo que me unía al crédito. Cuando estaba en pleno proceso de anulación, volvió a mirarme y, muy suelto de cuerpo, me dijo: “¿Sabías que tenes un crédito aprobado por 40000 pesos?”. Por suerte, no hizo falta contestarle. Me miró, miró hacia ambos costados, miró la computadora y, hablando con los labios de costado como un espía ruso suelto en New York, o, lo que es peor, como una persona que acaba de sufrir un ACV, dijo tímidamente: “¿Lo que dije es una pelotudes, no?”. Solo moví la cabeza afirmativamente y di por finalizada la cuestión.
Pero, cuando uno piensa que ya ha sido todo, llega lo peor. El capitalismo sabe como vengarse. El banquero me dijo: ahora con estos papeles vas, sacas número para la caja, y los haces sellar. Yo me di vuelta sobre mi mismo, vi a una gran multitud congregada y, con un tono que manifestaba mas un deseo que una confirmación, le pregunté: “¿Toda esa gente, no está para la caja, no?”. Ustedes se imaginarán la respuesta. Lo único que les puedo decir es que tenía solo a 180 personas adelante mío (lamentablemente no estoy exagerando). Y ahí, sentado en el hall del Banco Francés, triste y desamparado, empecé a cantar ese hermoso tango que dice: “Tirao por la vida, de errante Bohemio, estoy Buenos Aires, anclado en París, curtido de males, bandeado de apremios….”
¡QUE VIDA DE MIERDA!

jueves, 1 de marzo de 2012

¡Tele, nada me debes! Tele, ¿estamos en paz?

“El tiempo es oro”, dijo Benjamín Franklin desconociendo ser el autor de dicho pensamiento, que, al enterarse de la autoría del mismo, vendió su Montreal que le había regalado Mitha en el Almuerzo número mil al que había sido invitado, y partió a comprarse la  casa en Acapulco que desde niño había soñado tener. No solo no se compró la casa debido al valor exiguo de su maquina para medir el paso del tiempo, sino que además llego tarde a la Declaración de la Independencia del país del norte gritando, ante los padres fundadores, un enérgico “¡Carajo mierda!”.
Quien escribe, siempre estuvo en desacuerdo con ese pensamiento: el tiempo es solo tiempo y el oro, solo oro. Claro que, entre el oro y el tiempo, prefiero el oro: mas vale vivir poco y ser rico, que vivir mucho y no poder viajar a Miami para comprarse ropa forrada en lentejuelas.  
Día tras día vemos como se invierte una suma millonaria de segundos en debates que más bien parecen ser luchas intestinas entre facciones políticas o religiosas enfrentadas. La Masacre de Ezeiza o la Matanza de San Bartolomé que provocó en Francia unos 8000 muertos parecen juegos de infantes ante la violencia con la que “dicen las verdades” conductores de TV, opinólogos de turno, panelistas matriculados, plomeros degenerados y participantes de Realitys cuyo único merito consiste en haberle practicado sexo oral a algún productor de turno que “acabó” por poner a dicho personaje en la maquina de picar carne televisiva.
Horas de análisis sobre comportamientos de personajes tan poco pintorescos y a su vez, tan poco conocidos, que la meditación sobre la cantidad de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler (discusión popularizada por los teólogos bizantinos del siglo XV), resulta menos soporífera que dicho narcótico mediático. Hordas de Doctores Freud que recorren los canales implementando el nuevo plan del gobierno K: “Psicoanálisis para todos” que persigue como fin que, a la hora número 15 de observar, comprender e interpretar el comportamiento de un ser humano encerrado en una casa, estudio, teatro o simplemente suelto en la playa de la temporada marplatense, te extiendan un título universitario como “Psicólogo catódico” que te habilita como panelista de TV, analista económico y técnico de reparación de lavarropas. Putitas de compañías teatrales poco talentosas que se vuelven populares y conocidas a partir de atacar a sus mas putitas y menos populares compañeras de elenco, analizando, “siempre con la mejor” sus horrendas vidas, sus tortuosas relaciones personales y, la morbosidad de sus pares que, a juzgar por la excitación sexual que experimentan al exhibir sus suculentos pechos siliconados, intuimos que fueron violadas por sus padres con un sifón de soda en su mas tierna infancia. A todo esto se le suma la no menos interesante y poco creíble vida de “fans” de mediáticos que lo único “media” que han conocido son las “Silvana”, putos que ventilan sus revolcadas como si les interesara a alguien y que abren, al revelarse como tales, el closet en donde se encuentran bien guardadas las tendencias homosexuales de personajes que han fundado su carrera en hacerse los boludos.
El genio de Fellini al promediar la pragmática década del 80’, cuasi como un profeta contemporáneo, vio llegar la degradación de la TV. En su mas que recomendable y exquisita película “Ginger y Fred”,  Amelia (Ginger) llega a los estudios de televisión convencida de que su actuación será el punto álgido de un programa de variedades, y poco a poco se va dando cuenta de que en realidad se trata de un show en el que compartirá escenario junto a un grupo de enanos, un travesti, imitadores de segunda, un mafioso, un decrépito héroe de guerra, un cirujano plástico que realiza cincuenta operaciones diarias, un fakir que embaraza a las mujeres con la mirada, un fraile capuchino que vuela (ma non tanto) e incluso una vaca de dieciocho ubres: es decir: un circo que se alimenta del desperdicio humano con el fin de ocultar la cruda realidad en que vivimos y es que, la vida de por si es poco interesante, poco espectacular y poco trascendente. Las aventuras de Indiana Jones son ficción y los viejos de “COCOON” habían tomado viagra para poder filmar las escenas en las que saltaban como canguros.
Dejémonos de gritarnos cosas, dejémonos de acusarnos de crímenes que no hemos cometido, dejémonos de mostrar la tanga en televisión y por sobre todo, dejémonos de joder con tanta mierda. Apaguemos la tele, salgamos a caminar, a navegar, a jugar al tejo, o, en su defecto y si es que se tiene con quién, a coger, pero no tratemos mas de analizar lo no analizable, de vivir vidas que no son las nuestras, de creernos superiores por haber mostrado las partes en TV 7 veces en lo que va de la semana, y, por favor: dejémonos de jactarnos de nuestra ignorancia. Cuando Sócrates dijo: “solo se que no se nada”, no se mofaba de su incultura, sino que se reía en la cara de aquellos que se creían más por saber hacer dos o tres boludeces de mierda mejor que otros. ¡Si Sócrates viviera! Escupiría en la cara a todos aquellos que, alegres y regocijados en su ignorancia, fomentan el no saber como modo de vida y se ponen por encima de aquellos que, con fundamento, les dicen en la cara que son unos pelotudos.
Se que este llamado a la cordura cae en le vacío: la boludés un gran agujero negro que nos atrapa a todos y no deja que nos escapemos. Lo único que les pido y me pido es que, mientras llega la inexorable hora de transformarse es un imbecil, hagan el esfuerzo por aparentar que ello jamás llegará y sigan luchando, por recordarle al mundo entero que, mediática o no mediática, patética o glamorosa, para vos, para mi, y para todos, la vida sigue siendo una mierda.

jueves, 16 de febrero de 2012

Ni media medalla ni corazón partido

Tarjetas compradas en el Once con corazones rojos con leyendas que rezan: “Feliz día de San Valentín”; o “Feliz día de los enamorados”; o “Te amo mas que a un sándwich de mortadella”. Cajas de chocolates derretidos por los 45ºc de sensación térmica que, como el mismísimo Atila, azotan a toda la argentina en un febrero mas caliente que ahorrista del 2001. Osos de peluches que provocan alergias, calor y gases y que ocupan repisas, sillones y camas, impidiendo que uno pueda apoyar su humanidad en estos sitios por miedo a mandar al cielo al perverso Winnie Pooh. Rosas rojas teñidas con anilina que antes fueron claveles. Pasacalles con “cupidos” volando lanzando sus flechas de amor entre frases tales como: “Jessica, sos el amor de mi vida” o “Luli te amo como nada en el mundo pero si no garchamos me voy con Mecha”. Descuentos de dos por uno para comer Sushi en el Barrio Chino y para emparchar la goma del Renault 4 en la Gomeria “El Gato Petero” que ostenta un almanaque del año 84’ con una joven Beatriz Salomón mostrando sus carnes.
Toda esa mierda de merchandising, señores, no es otra cosa que el signo visible de la presencia del fatídico día de los enamorados entre nosotros, día que, deberían marcar con rojo en el almanaque, no porque sea feriado, sino para indicar los riesgos que pesan sobre la salud al celebrarlo; riesgos que van desde el incremento a morir de infarto a causa del mal gusto hasta contraer parásitos por revolcarse en el pasto con la saliente de turno.
Hasta hace unos 10 años los argentinos no conocíamos  ni a santos que se llamaran Valentín, ni a gente enamorada. Es más: hace 10 años el amor, a la Argentina, no había aún llegado. Pero, el imperio siempre es mas fuerte, y a fuerza de corazones y banderitas yankees que nos metieron hasta en el culo, nos terminamos creyendo que era importante expresar nuestro afecto solo una vez al año diciéndole a la novia de turno, al amante de turno, al garche de turno o simplemente a la mujer/marido de turno, cuanto los amamos, queremos, necesitamos y lo feliz que nos hace que nos lleven a comer afuera a un lugar que esta lleno de 300 pelotudos como nosotros que creemos, con ese aire de soberbia que nos da el ser argentinos, que somos re inteligentes por esperar 3 horas en la puerta del restaurante como si uno en cambio de aguardar por una cena romántica estuviera esperando el 60 del bajo.
Sin embargo hay algo que es mucho mas cruel que ver condenada a toda una generación de personas a la imbecilidad mas extrema y es el… (redoblantes anunciando misterio y ansiedad)… ESTAR SOLTERO.
La gente piensa que estas soltero porque, o tus padres te pegaban cuando eras chico con un cinto y eso provocó la incapacidad para relacionarte con otra persona o porque tenes un cáncer terminal que te impide formar pareja mas allá del sexo ocasional que puedas tener con la enfermera que te conecta a la quimioterapia.
Pero no, uno esta soltero porque justamente ni tiene padres castradores (si así fuera me hubiera ya casado y le hubiera pegado a mi mujer y a mis hijos para que vieran como sufrí yo cuando era chico), ni tiene un cáncer terminal (si así fuera también estaría casado solo para cagarle la vida a mi familia mostrándoles como es posible hacer sentir culpable a todos cuantos te rodean por algo de lo cual no tienen culpa alguna), sino por el simple hecho de que no se te canta estar con otro ser humano compartiendo tu cama, que por cierto, es solo de una plaza.
El mundo esta hecho para dos: los descuentos son 2x1, pero si sos gordo y vales el doble igual tenes que pagar tarifa completa. Las habitaciones de los hoteles son dobles: las simples, curiosamente, te salen el doble. Los viajes baratos a las Islas “Conchas del Sur” son para dos. Qué, ¿los solteros no pueden salir del país? ¿No te venden los pasajes porque no figuras como “casado” en el DNI?. Los autos vienen con “asiendo del acompañante” y ¿si yo no quiero que me acompañe nadie? ¿no me venden el auto sin la butaca de al lado?. Si compras un celular con tu novia te regalan la llamada gratis a su número. ¿Y si yo quiero llamar gratis a la pizzería de la esquina? ¿Porqué tengo que llamar a esa rompe huevos que me cuenta cosas del tío, del primo, de la madre y del pajero del hermano?
Nos anoticia el martirologio que San Valentin fue sacerdote romano y sostuvo a los confesores de la fe en la persecución de Claudio II, hasta que él mismo fue decapitado en el 270. La pregunta es: ¿cómo puede ser que este pobre obispo que fue podado se haya convertido en el patrono de los boludos?
Señoras y Señores: si estáis indignados con la festividad mas groseramente irracional del año y sufrís de alucinaciones en las cuales matáis a cada pareja que se os cruza por la calle con botellas de champagne radiactivas que explotáis sobre sus huecas cabezas, uníos en la lucha contra ese día y pedidle a Cristina, a la ONU, al Santo Padre o al mismísimo General Perón que os mira desde el cielo, que eliminen ese día del almanaque y, directamente, del 13 de febrero pasemos al 15 así porque si. De esa manera evitaremos tener que sufrir a los “enamorados” que se toman de la mano al cruzar la calle y que nos refriegan por la cara nuestros fracasos amorosos con sus melosos besos en el tren, el subte, el colectivo y hasta en el cementerio. Instituyamos el día de los NO ENAMORADOS para que en ese día haya 1 x 1/2 (yendo solo al teatro pagas la mitad del valor de la entrada), para que te puedas comer todo el sushi sin tener que convidárselo a nadie mientras ves episodio III de las guerras de las galaxias en calzones y tirado sobre el sillón con el aire acondicionado en -15, para que ese día cuando te llamen tus tías te digan: ¿seguís soltero? QUE SUERTE! Mejor soltero que decrépito e impotente como tu tío, y, sobre todo, para que ese día, al sentarte a comer pizza en la pizzería “La MUZA LOCA” no tenga que escuchar los chupones de las parejas que, cual ejército alemán en el Sitio de Leningrado, rodean tu mesa transformando sus inmundas babas en proyectiles que caen sobre tu fugazeta rellena. 
Igualmente amigo, sabrás que todo esfuerzo por erradicar las muestras de amor de este mundo es infructuoso. El mundo se empecina en vivir equivocado. No te esfuerces mas, total cualquier esfuerzo que hagas por despertar del sueño del capitalismo salvaje, será inútil: la vida siempre seguirá siendo una mierda. 

jueves, 9 de febrero de 2012

¿VIDA? …¡Vida es otra cosa!

 
Cuando hoy por la mañana crucé el umbral que separa “LA VIDA” de “la vida”, me di cuenta que, por lo menos para mi y para 500000 docentes mas de este país, todo había terminado.
“Todo concluye al fin nada puede escapar todo tiene un final todo termina” entré cantando al colegio mientras las vacaciones quedaban detrás y, casi como en esas películas en donde la música surge de la nada, se escuchaba, mientras pensaba en las vacaciones escurridas como el agua entre los dedos, un “De chiquilín te miraba de afuera como a esas cosas que nunca se alcanzan...” siendo que del otro lado del vidrio quedaba Enero y su “Dolce far niente”.
“La Dolce Vita” había concluido; Marcello Mastroianni se alejaba por la playa hacia un destino incierto y yo, modesto Marcello aunque no menos muerto que él, me adentraba en las profundidades del abismo a hacerme cargo de mi destino y asumir el compromiso al cual la patria me llamaba.
“Educar es cosa del corazón”, nos enseñó Don Bosco: lastima que nadie le dijo que la mayoría de los docentes corremos el riesgo de sufrir 3 infartos antes de llegar a los 50 años de vida.
Vida… ¿se puede llamar vida a esto?  ¿A esto que  es la perversión más absoluta? Cuando empezamos a descubrir que hay una vida que merece ser vivida escuchamos el canto de las sirentas que nos llaman a volver a la fábrica de educar boludos.
Docente argentino: si tienes entre 22 y 65 años, aún estas vivo, la tiza no ha llenado tus pulmones de tumores y lo único en lo que piensas es en matar a todos los niños en edad escolar junto con sus inmundas familias, es hora que salgas del armario en donde se apilan pruebas que jamás has corregido, mires de frente y a la cara a tu directivo y le digas: ¡QUIERO SER FELIZ ANTES DE MORIRME! ¡Abandona tu puesto de trabajo, deja el templo del aula en el cual los educandos adquieren saberes que solo le servirán para ganarse $100 en el programa de Julián Weich, dile a la secretaria del colegio que ya no volverás, escucha el sonido de una puerta que se cierra dentrás tuyo y sal a la vida! Allí afuera, afuera de ese mundo de recreos, de patios con niños sudorosos, de registros evaluativos, de planificaciones que nunca jamás nadie leerá, de power points que aburren incluso a aquellos que los han diseñado, allí afuera, muy afuera, la VIDA te espera; una vida llena de alegrías, de esperanzas, de sentido… una vida en donde siempre brilla el sol, pero, una vida pobre, muy pobre, porque sin trabajo, ¿de que carajo vas a vivir?
Docente argentino, vuelve a la realidad, vuelve al aula, vuelve al patio, vuelve a la reunión de padres, vuelve a llenar boletines y vuelve, sobre todo, a esperar la jubilación que una día, indefectiblemente llegará, si es que un niño no te mata antes de un corchazo en la frente. Y recuerda: LA VIDA es para otros, a ti en cambio te queda “la vida”, llena de oscuridades y de sombras, una vida que, trágicamente, siempre será de mierda.

martes, 31 de enero de 2012

EL HORRIBLE ENCANTO DE SER UN IMBÉCIL

Lo bueno de nuestra sociedad occidental, cristiana y capitalista es que la felicidad está al alcance de todos, siempre y cuando, uno disponga de alguna moneda para comprarla.
No es que la vida del espíritu esté atada a “Don Dinero” pero, si uno lo tiene, es mas fácil alcanzar la iluminación y de paso, comprarse un par de departamentos para vivir de rentas el resto de la vida.
Por muy pocos pesos podés ser feliz y no solo un poco, sino MUY feliz. ¡Solo $50 es lo que vale el boleto al nirvana, a la “ataraxia”, al alejamiento de las pasiones desenfrenadas del mundo y al dominio de nosotros mismos! Poca plata para alcanzar el logrado objetivo de una vida plena. Freud sospechaba que con terapia el hombre podría liberarse de sus traumas del pasado, pero, ir al psicoanalista durante años es tan caro, que lo mejor es morirse así como uno esta, albergando el oculto deseo de empalar a la madre y cogerse a la hermana. ¡Mas vale traumado que pobre!. Moisés vió la tierra prometida desde el Monte Nebo, pero no fue porque no había sacado la SUBE,  y el no tenerla implicaba el pago del trasporte sin subsidio; por ello fue decidió ver la ansiada felicidad de la tierra prometida por Dios desde lejos,  no fuera a ser cosa que por pagar el boleto completo no pudiese luego comerse un panchito en retiro. Platón busco la felicidad en aquel mundo de las ideas, inmutable y eterno, en donde no había sombra de error. Cuando quiso implementar su sistema político en Sicilia, se gastó toda la guita que tenía y encima le fue para el culo; claro, ¿qué se podía esperar de los sicialianos, un pueblo que fue capaz de inventar ago tan sublime como el helado pero que todavía no pudo resolver el problemas de la falta de agua y el de la mafia que anda matando gente a la salida de la Ópera?
Cincuenta pesos es lo que vale ser Feliz. Por lo menos, eso es lo que nos dice mi admirado Claudio Maria Domínguez que, si bien jura no lucrar con la “espiritualidad”, es lo que le cobra a cada boludo que va a escucharlo en sus charlas.
Vamos a las formulas para ser feliz que nos enseña el niño de “ODOL PREGUNTA”:
-    “Amar, amar y amar”… pero sacarme al otro de encima cuando me rompe los huevos.
-    “Transformarme y ser protagonista de mi vida”… pero aceptar el KARMA (no chic@s, no es ni una nueva maquina tragamonedas del casino de Palermo ni un prostíbulo de zona oeste).
-    “Aceptar a todos”… menos a los que piensan distinto a él. Sin embargo, en un gesto de misericordia me tomaré el trabajo de nombrar a “los otros” utilizando algún adjetivo descalificativo siempre en diminutivo para mostrar lo cool y bueno que soy: boluditos, taraditos mentales, cerraditos, oscuritos, medievalitos y otros.
-    “No ser dogmáticos”.. pero siempre hay que tener muy en claro que aquello que él dice es la única verdad posible y al que no se sume a esa “nueva fe” que vaya pensando en el infierno que, si bien no existe, debería existir para todos esos “herejiitos” e “imbecilitos” que no despertaron a la nueva conciencia universal y que el único OSHO que conocen es el del orto. 
-    “Ser yo, YO, quien auténticamente soy y no el que se muestra, que por cierto no soy yo”. Claudio nos propone adquirir un trastorno de “Doble personalidad”; es decir: ser varios en uno. Es como esos jueguitos electronicos que uno usa cuando va a cagar para pasar el rato. En el mismo juego te viene el Tetris, Rapad Roll, Snake Xenzia, etc. Eso si, hay que ser tolerante y comprensivo y de ningún modo un egoísta del culo porque queda feo y provoca gases, y nada peor que tirarse un pedo en un civil o en la casa de los suegros.
-    “Tenes que ser el protagonista de tu historia sin depender de los demás”… pero yo dependo de ustedes para seguir currando, así que vengan a escucharme y paguen lo que corresponde.
-    “Hay que despertar”… ¡ponete el despertador boludo!
-    “El poder de este mundo oculta todo esto para someternos”… ¿qué es “todo esto”? ¿“Esto” es ser feliz leyendo a Chopra o decir pelotudeces sin que vayas preso? ¡Dejémonos de joder! Lo único que le interesa ocultar al poder es a cuanto asciende el monto de los gastos reservados de los diputados, quién mató de verdad a Kennedy y la identidad de Piñon Fijo (que todos sabemos claramente que es Yabrán).
-    “Mediten para conectarse con la energía universal”;o sea: hagan como Claudio que de tanto meditar que dio cuenta como hacer para vivir sin laburar cogiendonos con un matafuego sin seguro, vendiéndonos sus libros y haciéndonos escuchar su sabiduría arcana revelada por San Orto que se le apareció adentro de la heladera, entre la carne y el queso, mientras buscaba un Activia para aligerar la congestión de la autopista.
-     “La busqueda espiritual te sana porque te lleva a manejar mejor tu energia”… de lo cual concluimos que la búsqueda espiritual no es otra cosa es comprarse una lámpara de bajo consumo para que cuando te llegue la boleta de EDENOR no te violen.

Cincuenta pesos, solo $50, es lo que vale la felicidad. Todos los filósofos existencialistas perdieron tiempo pensando en el sinsentido de de la existencia y la irracionalidad de la vida. Ellos equivocaron el camino porque pensaron, y Caludio nos enseña que el pensamiento los conceptos y las ideas, nos encierran en nuestra cárcel que es el cuerpo y la mente… idea un tanto platónica para una persona que desprecia la razón y el pensamiento occidental.
Por suerte, si algo ha hecho en nosotros la globalización, la invasión de las imágenes y el bife de chorizo, es unos ignorantes de mierda que viven de la opinión (jamás de la razón) y que esgrimen como prueba irrefutable de todo hecho un  “lo dijeron la tele” o “  lo leí en el diario “Tiempo Argenchota”,  “así opina Maradona” o “si está en wikipedia es cierto”, como si la propagación de la ignorancia, así como la propagación del error en cálculos matemáticos nos llevara indefectiblemente al resultado correcto.
Igualmente, amigos, si acá hay un boludo, ese justamente, no es Claudio. Él se llena los bolsillos hablando de nada. Los boludos, los auténticos boludos, somos nosotros que seguimos leyendo sus venerables escritos, viendo su vomitivo programa que es un copy-paste de frases sacadas de sitios de Internet cuyos nombres van desde “El portal de la vida feliz y plena” hasta “Decí 8.. el culo te abrocho”, frases todas dichas por grandes personajes de la historia que se están enterando recién ahora de la mierda que dijeron (Si Einstein hubiera dicho todo lo que le adjudican, no le hubieran alcanzado ni 4 vidas para hacerlo),  y escuchándolo pelear con el tránsfuga del pseudo-cura Exorcista de Fantino que hecha demonios como quien se desgracia en el tren.
Igualmente, queridos amigos, como decía el gran Tato, a nosotros, a los ignorantitos de mierda que no hemos despertado, a los boluditos que creemos que lo mejor que nos puede pasar es morirnos, a los medievalitos del orto, que creemos que seguir pensando es una apuesta que, si bien no te da ninguna solución por lo menos te mantiene entretenido y evita que te cojan tan fácilmente, a nosotros, esos que no despertamos aún porque nos gusta quedarnos en la cama 10’ más, no nos queda otra que seguir laburando, vermouth con papas fritas y good show, porque, por mas problema que nos hagamos y por mas que nos planteemos la posibilidad de asestarle un tiro en el medio de la frente  a Claudito, todo esfuerzo es inútil. Igualmente, antes que nada y después de todo, la vida sigue siendo una mierda.